En cualquier momento, nuestro cielo nocturno podría recibir una visita muy especial. Observatorios astronómicos y amateurs de todo el mundo siguen de cerca la constelación de la Corona Boreal donde, a unos 3.000 años luz de la Tierra, una estrella está a punto de estallar en una explosión tan poderosa que, por un breve tiempo, rivalizará con el brillo de Polaris, la Estrella del Norte.
Se convertirá en una estrella «NOVA» en el cielo, pero de un tipo especial denominado recurrente. Significa que cada cierto tiempo esta estrella estalla y aumenta mucho su brillo. Tanto que pasa de ser invisible al ojo desnudo a convertirse una estrella brillante.
La estrella en cuestión, conocida como T Coronae Borealis, estalló por última vez hace casi 80 años y no lo volverá a hacer hasta dentro de otros 80, convirtiendo este fenómeno en una experiencia que se vive prácticamente una vez en la vida.
Actualmente, este remanente estelar, una enana blanca que se alimenta del material de una estrella gigante roja compañera, ha mostrado una característica disminución de su brillo, justo como la que precedió su último estallido en 1946. Aunque los equipos de investigación aún no saben con certeza qué está causando esta caída en su luminosidad, afirman que es solo cuestión de tiempo antes de que la estrella sacie su apetito y explote en una impresionante nova.

Este evento no solo es un regalo para los aficionados al cielo nocturno, sino también para la comunidad científica. Se ha reservado valioso tiempo de obsevación en una serie de telescopios tanto terrestres como espaciales, para capurar cada detalle posible de este estallido, con el objetivo de aprender más sobre las novas, cuyos mecanismos siguen siendo un misterio debido a los escasos registros de explosiones a lo largo de los años. T Cor Bor pertenece a un exclusivo grupo de diez novas recurrentes conocidas en toda la Vía Láctea, nuestra galaxia, lo que otorga a los científicos una oportunidad excepcional para estudiar de cerca cómo un cadáver estelar devora tanto material que finalmente colapsa y se libera en una explosión violenta.
Las conclusiones que se obtengan de este evento podrían tener un impacto significativo en los modelos actuales sobre el funcionamiento de las estrellas. Por ejemplo, el telescopio espacial Fermi, observa el sistema cada día y, en muchos casos, cada pocas horas. Cuando la nova finalmente estalle, se espera un aumento significativo en los rayos gamma emitidos, junto con un brillo visible más intenso, lo que permitirá medir lo caliente que llega a estar el material y la velocidad a la que se expulsa desde la enana blanca. Además, el evento podría aportar información crucial sobre las ondas de choque que se propaguen por el espacio tras la explosión, un fenómeno cuya dinámica aún no se comprende del todo.
Pero lo más significativo a nivel humano es la maravillosa capacidad de la astrofísica para predecir la aparición de una estrella «nova» en el cielo, algo inimaginable hace tan solo unas décadas y que no deja de asombrarme por más que intento asimilarlo.


