Hoy 18 de julio a las 22:45h, podremos ver 54 satélites StarLink cruzando el cielo nocturno como si fuera un peculiar trenecito de luces. Estos se lanzaron el pasado domingo 16 a bordo de un cohete Falcon 9, de la misma empresa, SpaceX. En unos días los satélites irán separándose, alcanzarán su órbita definitiva, y ya no serán tan brillantes y evidentes. Pero en este momento y debido a que reflejan gran cantidad de luz solar, todavía es posible verlos pasar claramente como una hilera de luces que avanza rápidamente.

Para ello solo tienes que poner una alarma a las 22:45 hora peninsular española. A esa hora ya debes estar en un lugar despejado de árboles y edificios, y a ser posible, lejos de farolas y fuentes de luz. Mira hacia el sur y un poco a la derecha. Si la calima lo permite, no hará falta mucho más para detectarlos en el cielo nocturno. Verlos es realmente impresionante, pero en el mundo de la astronomía este espectáculo provoca una profunda preocupación.
Casi la mitad de los satélites que orbitan a la Tierra son propiedad de esta empresa. Con estos 54 ya suman 4 436 en total, pero esta es solo la primera fase. Para la segunda fase la empresa privada estadounidense planea colocar en órbita baja otros 30 000 artefactos, ayudados de su nuevo potente lanzador Starship.
Y es que además no es la única empresa colocando satélites en órbita baja para las comunicaciones por internet de banda ancha y baja latencia. China, la emergente superpotencia espacial, colocará su propia constelación en la órbita terrestre con al menos otros 13 000 satélites.
Piensa un momento en esto. En un cielo oscuro de la península se pueden ver entre 300 y 2000 estrellas de golpe. En unos años, podría haber más satélites visibles a ciertas horas que estrellas. ¿Llegará un momento en que tendremos que explicar a las y los más peques, que aquellos puntitos que parecen no moverse son estrellas?
Quizás parezca exagerado, pero el impacto y el perjuicio de estas constelaciones de satélites ya es evidente para cualquier profesional de la astronomía o la radioastronomía. Cuando el progreso técnico o industrial entra en conflicto directo con la investigación científica, el planeta sale perdiendo. Y si no pregunta a la comunidad de climatólogas/os que llevan advirtiendo de la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono desde hace tres décadas al menos.


