¿El primer viaje en el tiempo de la historia?

El 4 de octubre de 1582 una buena parte de la población de Europa se fue a la cama para despertar 10 días más tarde, el 15 de octubre. Las autoridades culparon a la Luna, pero la explicación no es sencilla.
El tiempo en sus manos

El 4 de octubre de 1582 una buena parte de la población de Europa se fue a la cama para despertar 10 días más tarde, el 15 de octubre. Las autoridades culparon a la Luna, pero la explicación no es sencilla.

La Luna va cambiando de aspecto o de fase de forma cíclica. Para repetir una fase de la Luna hay que esperar casi un mes, 29.5 días. Junto con el día y la noche, fue el primer ciclo de tiempo natural observado por el ser humano y el origen del calendario. 

Nuestro calendario tiene sus raíces en un calendario lunisolar usado por Roma. En un principio este tenía 10 meses pero se modificó para llegar a 12. Tenía 354 días, en los que se establecieron meses alternos de 29 y 30 días para conseguir el promedio de 29.5 días del mes lunar.

Pero 12 meses lunares se quedan cortos: concretamente 11 días y cuarto más cortos que un año solar. Así que los sacerdotes romanos encargados de la confección de los calendarios, intercalaban un mes extra cada tres años, aunque de forma arbitraria y buscando su beneficio político en muchos casos. Con el paso del tiempo este calendario se hizo extremadamente confuso.

Hasta que llegó Julio César y puso orden. Probablemente influenciado por Cleopatra en su visita a Roma, ya que en Egipto se guiaban desde siglos atrás por un calendario solar sincronizado con la inundación anual del Nilo. El astrónomo de la corte egipcia, Sosígenes de Alejandría, también le aconsejó abandonar los intentos de reconciliar calendario lunar y solar, e instaurar el año solar que consta de 365 días y cuarto.

Así que Julio César ordenó el establecimiento de un calendario de 365 días y 12 meses que en su honor se conoce como calendario juliano. Se alternaban meses de 31 y 30 días, excepto en febrero, que contaba con 29. Para compensar ese cuarto día de más que tiene un año solar, cada cuatro años se le añadía un día a febrero que quedaba con 30. Hay que recordar que su año comenzaba en marzo. 

A su quinto mes, al que llamaba Quintilis, se le renombró como julio en honor a Julio César. 

Pero a la muerte de este (de César), su sucesor, Augusto, cambió el nombre del sexto mes (sextilis) por agosto, y como su mes no podía ser menos, robó un día a febrero para tener también 31. 

A pesar de la exactitud del sistema, este no era perfecto. Se adelantaba 1 día cada 128 años. No parece mucho, pero en 1582 se habían acumulado ya 10 días de error, y el papa Gregorio XII ordenó otra reforma que resultó en el actual calendario Gregoriano. Así que sin mucha ceremonia, se recortaron del mes de octubre de aquel mismo año, y del 4 de octubre se pasó al 15 de octubre en un abrir y cerrar de ojos. 

Aunque el calendario Juliano se había adoptado rápidamente por todo occidente, no ocurrió lo mismo con el calendario Gregoriano. En aquella época se podía salir de un país católico, atravesar la frontera y aparecer en un país protestante 10 días antes de haber salido. Inglaterra no adoptó el calendario Gregoriano hasta 1752, y Rusia no lo hizo hasta 1918, tras la revolución.

Con este nuevo calendario no habrá que realizar otro ajuste hasta dentro de 7249 años, cuando volveremos a saltar un día en el tiempo…

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